El Palmar
Central El Palmar
La historia de El Palmar tiene una larga trayectoria de perseverancia y compromiso con el desarrollo de la agricultura del país desde tiempos de la gesta libertadora. En manos de sus dueños, las tierras de San Mateo fueron recuperadas para el cultivo y el ganado, una y otra vez, después de ser arrasadas repetidas veces durante la guerra de independencia, y luego por las agrupaciones civiles armadas en tiempos de la Guerra de la Federación.
Es la tercera generación de la familia fundadora la que comienza a perfilar las tierras hacia el cultivo de la caña de azúcar; materia prima que inicialmente se procesaría en el eje de trapiches que estaban entre Las Tejerías y San Mateo.
A la propiedad de la histórica Hacienda El Palmar, se sumaron años después, la Hacienda Santa Teresa en la zona del Consejo y Montalbán en Caracas, terrenos también de tradición cañera y de donde se origina la marca Montalban.
Central El Palmar y la modernización de la producción de azúcar
A mediados del siglo XX, con el crecimiento de la demanda de azúcar y de las extensiones de tierras dedicadas al cultivo de la caña, se hizo necesario pensar en pasar de la producción artesanal a la industrial. Es así, como en 1954, se inicia la construcción de un central totalmente nuevo y que fue considerado el estado del arte en su momento. Esta característica fue la que hizo que lo visitaran profesionales y técnicos de otros países para formarse en los distintos procesos con equipos de última generación. El rol de los expertos inmigrantes europeos, asiáticos y latinoamericanos, junto a trabajadores e ingenieros venezolanos, fue clave en su construcción y operación.
La construcción del central impulsó el crecimiento de la cañicultura y el empleo en los valles de Aragua y, con el tiempo, se llegaron a moler en forma sostenida, alrededor de 1.200.000 toneladas al año. Dos generaciones herederas de la familia fundadora participaron de manera activa en la construcción de la fábrica, la cual fue acompañada por un particular cuidado por la calidad de los espacios para la gente, el ornamento natural y el emblemático camino de chaguaramos que da la bienvenida a quienes visitan el central.
A lo largo de su historia, tres hitos destacan dentro de la historia del Central El Palmar hasta la conformación de Empresas PMC:
Estar siempre presente, la clave de su vinculación con la comunidad
La vinculación de El Palmar con la comunidad es histórica. Antes de que el concepto de Responsabilidad Social se pusiera en boga, en el central existía un departamento de Servicio Social para atender a los trabajadores y a las comunidades de San Mateo, lugar donde vivían la mayoría de los colaboradores.
La preocupación por la comunidad es un sello que definió a la empresa a través de las acciones de sus líderes y la familia fundadora, quienes siempre han mostrado vocación por las causas sociales a nivel nacional, regional y local. Entre las obras locales de mayor impacto en San Mateo están el apoyo al Colegio Belén y al parque deportivo que utiliza la comunidad.
“El futuro pertenece a quienes lo oyen venir”
Esta frase del premio Nobel de literatura 2016, Bob Dylan, resume una de las claves de la gestión de Central El Palmar, ver más allá para hacer los cambios de timón que sean necesarios para mantenerse en el tiempo.
A esta capacidad de adelantarse, se suman el trabajo duro y honesto de quienes por generaciones han aportado al crecimiento de esta organización y al desarrollo de la industria azucarera del país.