¡Hasta la última gota!
Llegar a las escuelas Juan Jacinto Lara II en el caserío Las Playitas (Carora) y Teresa de La Parra en La Curva (Guanare), fue un bálsamo de esperanza para los 214 niños, que al grito “¡llegó la lechita!”, extendieron sus brazos lo más que pudieron para recibir el “Vaso por la vida” que Construyendo Esperanzas lleva desde el año pasado a estas comunidades, en alianza con el Dividendo Voluntario para la Comunidad.
Nuestros voluntarios tuvieron la oportunidad de llevar felicidad servida en esta bebida nutricional que dibujó sonrisas y bigotes blancos en todos los niños que no paraban de dar las gracias luego de tomarse hasta la última gota.
“Fue muy gratificante ver las caras de los niños cuando les das su vaso de leche, porque yo creo que lo esperan con ansias”, fue parte de las palabras que nos compartió Yatnery Salas, voluntaria en la escuela de Las Playitas.
Esta experiencia está llena de historias que llegan al corazón. “Una alumna me dijo una vez que ella al cerrar sus ojos para dormir, soñaba con que llegara el día siguiente para tomarse la chicha.” Lizmary Sira, directora de la Escuela Juan Jacinto Lara II.
Estar presentes en esta actividad dio a los voluntarios de Empresas PMC la oportunidad de vivenciar las carencias de la Venezuela rural y conocer el impacto que se logra cuando se pone la mirada en estas comunidades para proporcionales herramientas para su desarrollo y transformar su entorno.
Con mirada de agradecimiento, Neila Grueso, representante y docente de la escuela en Las Playitas, nos relató “a mi niña la ha beneficiado mucho.
Ella era de muy mal comer, luego que comienza el programa de la chicha se le ha despertado el apetito. Ha aumentado de peso, la veo siempre con energía y entusiasmo y ha mejorado mucho en matemáticas.”
Los cambios ya son evidentes
A un año de haber iniciado el programa “Un Vaso por la Vida”, la directora del plantel ubicado en Las Playitas nos comenta que ya se aprecian mejoras en el rendimiento escolar, la concentración y la memoria, motivación para asistir a las clases y por supuesto, cambios físicos en el peso y talla, tono de piel y el cabello.
“Mis dos niños me recuerdan todos los días la hora en la que hay que llegar a la escuela para beber el vaso de leche. No se lo quieren perder, les gusta mucho”, nos relató Marilis González, mamá de la escuela en La Curva. Testimonios como este nos hacen celebrar como Un Vaso por la Vida se ha convertido en un estímulo para asistir a la escuela.
Desde Construyendo Esperanzas seguimos trabajando por dejar una huella en las comunidades. Para lograrlo, nuestros ejes de acción se concentran en apoyar a las familias con el programa de nutrición para los niños escolarizados y la promoción de valores y ciudadanía, pues estamos convencidos que esta es una de las vías más efectivas para lograr la transformación de Venezuela.